State of Decay: El duro precio de sobrevivir en grupo – Review

La moda zombie que se vive actualmente nos ha llevado a pensar más en cómo enfrentaríamos a una de estas criaturas, pero no cómo sobrevivir al ambiente generado por una crisis de esta magnitud. State of Decay es una rara excepción, que explora diferentes aspectos de una comunidad que tiene como objetivo sobrevivir.

 

State of Decay no tiene un protagonista único. Es verdad que iniciamos por defecto con Marcus, con quien nos adaptamos a los primeros aspectos del control, bastante simple y fácil de aprender. Pero el concepto de comunidad va siempre sobre los intereses individuales de los sobrevivientes. Cada uno tiene defectos y virtudes, tal vez no tan bien retratados como para sentir una total empatía, pero sí para pensar en ellos como personas del común en una situación nada particular.

 

 

También los aspectos de moral influyen en la experiencia. Muy a menudo nos tocará dialogar con los compañeros para evitar que su ira explote, o ayudarlos en misiones muy específicas que impactan el estado de ánimo general dependiendo del resultado de cada una. Incluso habrá que hacer tratos con gente sospechosa y militares casi enloquecidos por la epidemia. Momentos críticos como la falta de comida o medicinas nos hacen pensar si necesitamos a ciertos miembros del equipo, enfrentándonos a la posibilidad de dejarlo sin ayuda o repartir los bienes lo mejor posible.

 

Cada integrante de la comunidad tiene un límite de vida. Al morir en una misión, termina por completo su historia, dejando su mochila como único recuerdo. Esto hace que el jugador se preocupe por los sobrevivientes, trate de llevar sus planes con inteligencia y mida sus fuerzas. Un indicador de resistencia nos permite conocer qué tan agotado está un personaje, imponiendo un límite más bajo si lo usamos demasiado. Lo bueno: Podemos enviarlo a descansar y cambiar por otro miembro del grupo que no esté ocupado o dormido.

 

La táctica de combate y la exploración tienen cambios periódicos gracias al ciclo de día y noche que puede hacer de la oscuridad una verdadera pesadilla. Hay lugares donde podemos usar el sigilo para atacar, ampliando las posibilidades para entrar a algún lugar o desplazarnos a distancias cortas.

 

Los zombies tienen variedad en su tipo y formas de ataque. Algunos son solitarios, otros caminan en hordas de gran tamaño presentando una amenaza móvil, otros estallan en nubes tóxicas que disminuyen nuestra salud y resistencia, los aulladores piden “refuerzos” con sus gritos espantosos, y a cada momento aparecen sitios infestados. Los bosques y casas son refugio potencial, nunca hay que bajar la guardia, siempre hay que explorar con cuidado para la búsqueda de recursos y tener un plan de escape a la mano.

 

Como decía, el juego no es solo una galería para matar zombies. Requiere mucha planeación. Los puntos de influencia se usan para adquirir armas, medicinas y comida, además de permitirnos construir y mejorar bases (¡los dormitorios son importantes!), establecer puntos avanzados para reabastecimiento, o como un factor decisivo para dar  instrucciones por radio, como pedir que uno de los sobrevivientes recoja un paquete que no cabe en nuestra mochila. Los materiales de construcción para las bases son difíciles de conseguir, por lo tanto, es mejor pedir ayuda para recolectarlos que dejar pasar la oportunidad.

 

El mapa de State of Decay es bastante grande. Para la exploración hay que hacer uso de los vehículos, pues las distancias son muy largas. Además, contar con un auto en buenas condiciones es una ventaja al enfrentar las constantes hordas de zombies. El ambiente generado recuerda las películas de campamento, con gasolineras, granjas, pueblos pequeños, montañas y planicies, sin uso de cinemáticas y manteniendo siempre la perspectiva en tercera persona.

 

Hay algunas fallas en la aventura, más que todo en la parte técnica. La cámara presenta problemas en espacios muy cerrados, los personajes se quedan pegados en ciertos bordes, y la más común: los zombies aparecen de la nada como si tuvieran un teletransportador o se golpean contra paredes invisibles. Nada que rompa totalmente la jugabilidad, pero sí desequilibra un poco el ambiente logrado en la sesión.

 

State of Decay es un experimento interesante, incluye muchos conceptos e ideas con una ejecución correcta para lograr una extensa aventura, dejándonos ver que la vida en comunidad bajo circunstancias desesperadas requiere medidas que van de la total despreocupación a la constante planeación.

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Alexánder León
Ingeniero industrial. Videojugador, admirador de la ciencia ficción en cine y
libros y entusiasta tecnológico (no geek, eso es para “pros”). Futbolista
frustrado. Autor del blog http://donalexbot.wordpress.com/

Written by: Alexánder León

Ingeniero industrial. Videojugador, admirador de la ciencia ficción en cine y libros y entusiasta tecnológico (no geek, eso es para “pros”). Futbolista frustrado. Autor del blog http://donalexbot.wordpress.com/

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